Naciendo en Holanda

La Ley en los Países Bajos

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Mi primer mes de vida

Escrito el 02 de febrero de 2011

La primera vez que conocí el mundo fue hace unos tantos años en una habitación fría y con gente con particulares vestimentas. En ese entonces no sabía nada. Nunca había llorado, ni reido, ni me había enojado… Llegué como todos a este mundo, en cero. Si, luego de unos años, sé lo que hoy sé. Se me llenó la memoria de cosas útiles e inútiles al mismo tiempo. Aprendí como decir mamá y papá, que uno y uno son dos, que antes de «p» y «b» siempre va «m», que es terrible caminar en la ciudad en época de carnaval, que copiarme en un examen me pone nerviosa, que vivir a dos horas de casa en realidad no son dos horas sino cinco por la congestión vehicular, que no sé que es preferible, si llevar algo de valor o nada para darle a los ladrones, que es tan importante votar como ponerse las tetas de silicón. En fín, tenía todo friamente calculado porque mi primera vida me había enseñado el día a día en Venezuela. Podía hacer muchas cosas sin consultar mucho.

Hace un mes volví a nacer. Quizá no como la primera vez pero tengo ahora una memoria alterna que debo llenar.

Como la primera vez, tuve que aprender a decir «moeder» y «vader» aunque no tenga una moeder o un vader cerca en esta nueva vida. Estoy aprendiendo que uno y uno son dos pero a veces somos uno, que caminar bajo la lluvia tampóco es tan grave, que no vivo en el centro de la ciudad pero que me queda a 5 minutos en bicicleta, que puedo usar todas mis joyas pero que en invierno nadie las puede ver de la cantidad de ropa que llevo encima, que aquí nadie tiene las tetas puestas y que ir a votar no lleva más de tres minutos.

En mi vida pasada aprendí a andar en bicicleta pero en esta he manejado más en un mes de lo que había hecho en 29 años. Ahora uso cuatro de las siete velocidades que tiene y debo estar atenta al frenar porque mis pies no tocan el piso cuando estoy en el asiento. Aprendí que debo esperar luz verde como cualquier auto para cruzar y que si voy a la izquierda o la derecha  debo señalar con mi mano la dirección. He andado bajo la lluvia, en el frío invernal, en la madrugada, sola, acompañada. En fín, toda una nueva experiencia que he desarrollado y que aún me falta por aprender.

En mi vida pasada tenía desayuno, almuerzo y cena, aunque me saltara alguna en el transcurso del día, sabía que el desayuno era antes de las 10:00 am, que el almuerzo era entre 12 y 2 de la tarde y que la cena sería a eso de las 7:00 pm, pero en esta nueva vida, aunque el desayuno siga siendo a la misma hora que en mi vida anterior, aún no sé si ceno o almuerzo a las 6 de la tarde. Estoy entrenando a mi estomago a esperar largas horas entre el desayuno, que sucede antes de las 10:00 am, y la cena-almuerzo, que se sirve a las 6, 7 u 8 de la noche.

En mi vida anterior caminaba por las calles con paso seguro solo cuidando de no tropezar con la gente o la basura que tanto abundan en esas ciudades, pero en mi nueva vida no hay ni gente ni basura cuando camino y los únicos pasos que no han sido seguros fue cuando caminaba sobre el piso que estaba congelado por la baja temperatura y la gran humedad del día.

Algo que nunca hice en mi vida pasada fue andar en tren. Una vez, estuve a las puertas de uno cuando mi abuelo y yo estabamos en la ciudad de Cuzco y quisimos ir a Machupichu pero no pudimos conseguir boletos. Y si, es cierto, anduve bastante en Metro cuando era estudiante en mi vida pasada y quizá eso fue mi introducción a la vida en tren. Lo cierto es que aquí, en esta nueva vida, descubrí que puedo ser libre con el tren y que puedo ir a donde yo quiera siempre y cuando compre un boleto para eso. Aprendí que son ridiculamente puntuales las salidas y llegadas del tren y que si pierdes uno puede ser que te toque esperar 1 hora por el siguiente. Y lo más importante, aprendí que siempre debo sellar mi boleto apenas llego a la estación porque de lo contrario podría pagar de nuevo una multa de 42 euros.

En mi vida pasada hablaba español, ahora en esta no sé que hablo. Mi cerebro ronda entre español, inglés y mi nuevo idioma holandés, a veces los tres idiomas en una sola oración. Qué difícil, no? Pero debo admitir que soy felíz cuando pido en holandés unas patat (papas fritas con mayonesa).

El sol! Uy! El astro rey de mi vida pasada. El que mantenía esta pigmentación canela. Del que todos nos quejabamos pero que no podiamos vivir sin él. Sólo ver hacia el cielo y ya tenía un veredicto perfecto sobre el clima para ir a la playa. No me preocupaba sobre mañana o la próxima semana porque sabía que con una camiseta y un short tenía suficiente. Pero en mi nueva vida el sol no es el único de quien debemos estar pendiente. En un mes de vida aquí he pasado más frío que en 29 años de mi antigua vida. He aprendido que cuando el sol brilla no precisamente hay calor y que la lluvia puede convertirse en hielo. Que la semana pasada tuvimos 10 grados y que esta bajó a -7 pero la que viene mejorará.

Definitivamente, en este nuevo nacimiento, a solo un mes de vida, avanzo más rápido con mis conocimientos que la primera vez, pero no hay duda que todo se lo debo a mi primera vida que me preparó para volver a nacer en cualquier parte del mundo.


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