Dusseldorf, Santa y Cena de Navidad

¿Qué tal esta semana navideña? A mis amigos venezolanos me los imagino en proceso de recuperación. Nosotros por aquí, como si no hubiera pasado nada, aunque haya pasado mucho.

Mientras me tomo los últimos 4 dedos del vino que nos trajimos de la región de Moezel en Alemania, subo estas fotos de la escapada de fin de semana a los mercados navideños de Dusseldorf.

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Y eso fue todo el paseo por los mercados de la ciudad de Dusseldorf. Con la cantidad de holandeses gente que va en esta época a la ciudad, a uno no le da tiempo de sacar la cámara y pacientemente apuntar, encuadrar y disparar sin la preocupación de que te esten metiendo mano por algún lado -y no precisamente el marido-. Según tengo entendido, estos son los mercados navideños más famosos de Alemania. La ciudad completa está llena de luces. Hay gente por manadas comiendo salchicha en la calle, tomandose un Glühwein, comiendo waffles con nutella y por supuesto, haciendo las últimas compras de la navidad.

Pero hay algo de Dusseldorf que se está haciendo más común para nosotros: ¡las fiestas!

Todo empieza cuando pisamos el Uerige, un local super chulo y muy particular donde nunca pides cervezas, sino que te la ponen y te van sumando rayitas en el porta vasos para que al final -en medio de la pea- pagues todo lo que te has bebido. El lugar siempre está a reventar y nunca hay puesto para sentarse, pero no hay problema, porque la costumbre por estos lados es beber parados rondando una mesa y echando cuentos, inclusive afuera en la terraza aunque las temperaturas congelen. Tu entras y te sientes vikingo. Comienzas a investigar el lugar yendo de habitación en habitación como si fuera un laberinto hasta que encuentras un hueco y ahí te postras. Definitivamente, este sitio es un MUST a visitar en la ciudad. Lo interesante de todo es que muy cerca se encuentra una calle full de locales nocturnos y en donde siempre terminamos la noche. Siem-pre.

Luego de recuperarnos del baile y la cerveza, de haber hecho un poco de shopping, haber comprado mi nueva y blanquita piel de oveja, el domingo antes de regresarnos al pueblo, hemos pasado a visitar uno de los sitios favoritos de Pablo a donde quiera que va: un castillo.

Advertencia: Este castillo tiene más nombre que tamaño. Se reserva el derecho a crítica. Lo que importa es que Pablo sea feliz.

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Santa se botó

Llega el 24. Yo trabajo, vuelvo a casa, me echo en el sillón y así mismo termina el día. Si, el mismo día en el que del otro lado del planeta están planchado estrenos, poniendo rollos en el cabellos, afeitandose las piernas y yendo a última hora a la única panadería abierta a comprar otro pan de jamón.

Definitivamente, otra señal de que me estoy holandizando. Ni las peliculas de navidad que emiten por la tele logran devolverme ese ánimo venezolano de usar estas fechas como excusa para arreglarnos y reunirnos con familiares y amigos. A veces me da pena volverme así pero digamos que es parte lenta de mi holandización y no está mal. Me reconforto cada vez que mis papás se les sale el venezolanismo siendo extranjeros en mi país.

Pero al grano del subtítulo… ¡Pablo Santa se botó!

Me gusta que se haya inspirado y que haya visto el momento gracioso también, porque para serios, los funerales.

Bajo el árbol encontré envuelto en papel de regalo, una sartén donación de la suegra, con la que planeo darle en la cabeza a Pablo y de vez en cuando cocer las papas del almuerzo. También un set de copas para vino tinto escondido en una de las cajas de regalo ficticias. Justo esa mañana había comentado que nos faltaba una copa para la cena de navidad. Luego un reposapiés muy necesario para sustituir por el almohadón que tenía en el piso para que mis pies no quedarán al aire a la hora de trabajar en mi computadora. Y por último, mi favorito, y con el que Santa se ganó unos puntos extras, fue un telemetro a laser BOSCH que será muy útil en mi vida de arquitecto independiente.

bosch telemetro laser plr-50

Cena de Navidad

Por último, quiero hacerles saber que el día de ayer he sido protagonista de mi momento Master Chef. Mi cena ha sido todo un éxito y me siento feliz como una lombríz.

En la mañana decoré la mesa con los servicios, un par de velitas y un papel de regalo viejo que hizo las veces de mantel. Las copas de vino tinto no fueron necesarias porque destapamos el último vino rosado de los 9 que nos trajimos de la región del Moezel alemán. Los suegros llegaron, se sentaron a charlar frente al televisor -si, aquí la vida social es frente al televisor- mientras yo afinaba los últimos detalles y a eso de las 5:30 pasamos todos a la mesa para empezar la fiesta.

EL MENÚ
-entrada- sopa de calabacín con salmón
-plato fuerte- estofado de carne peruano con arroz blanco
-postre- volcán de chocolate SIN erupción

El vino se acabó. Otra botella a la basura. No sé si esté de vuelta porque nos irémos a recibir el año lejos de aquí, pero para todos los que pasen por aquí, les deseo un feliz y prospero año nuevo 2015. ¡Abracense, besense y amense más!
Por cierto, ¿Qué tal la pasaron ustedes? ¿Santas sorpresivos? ¿Cenas exitosas?

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