Con la mente allá y el cuerpo aquí

Hace más de un mes que mi huso horario cambió. Tengo 6 horas y medias menos en la cabeza. Me despierto de día pero en mi cabeza todavía es de noche, pensando que todos están durmiendo, o al menos intentándolo.

Me actualizo con noticias que uno no puede verificar si son ciertas o falsas, pero uno sabe que están sucediendo y por más que lo desee, desde acá no se puede hacer mucho más.

Desde hace más de un mes que mi cabeza está en Venezuela mientras mi cuerpo sigue aquí en Holanda. Con ese hueco en el estomago cada vez que llega un mensaje al teléfono deseando de que no sean peores noticias de las ya malas que hay. Mi cabeza sigue en Venezuela, pero nuestras vidas continúan en Holanda, y eso no puede parar.

Aquí la primavera le robó días al invierno. Aún no nos lo creemos. Con miedo nos montamos las chaquetas de invierno cuando el termómetro indica que con otra ligerita es más que suficiente. Pero es que después de la experiencia del año pasado, cuando aún a finales de marzo seguía cayendo nieve, uno no se confía más nunca de este clima.

primavera en holanda

Esta es la tercera primavera que experimento en Holanda. Aún no me acostumbro a las lógicas primaverales, como las flores que brotan, los días que se hacen más largos, el kínder entero en el parque de al lado corriendo de un lado al otro, lanzándole piedras a mi ventana y tocando el timbre de mi casa -I will get you all. I swear-. O la cantidad de pajaritos merodeando en el jardín, con sus cantos alabando al suegro que les cambió el techo de sus casas de madera y sus revoloteos en la tierra -I will get you too- mentándome la madre por no permitirle al marido que les ponga bolsas de comida en el jardín.

Sin duda que la primavera le pone una sonrisa en la cara a uno. Los problemas se encapuchan por un momento y provoca abrir la ventana para que todas esas energías positivas entren en casa, hasta que te das cuenta de que el kínder no te deja concentrar con sus gritos de socorro irreal y al malvado pajarito le ha dado por sacar la tierra y regarla por todo el piso del jardín. ¡No hay nada perfecto en esta vida!

También se han activado para esta época las organizaciones sin fines de lucro. Que si no es uno de los monstros del parque jodiendo con mi timbre, entonces son otro par de monstros con alcancía en mano acompañado de un adulto pidiendo “una colaboración” para erradicar el hambre en África, salvar a los osos pandas o apoyar la paz verde esa. ¿Y cómo carajos le dice uno a esos muchachitos con cara de gatito y al adulto con cara de presión que ya uno está cansado de colaborar? ¡Que la cartera no produce dinero por arte de magia! ¡Que mejor le colaboren a uno que también está necesitado!

¿Y no te digo yo que las cosas son ciertas? Que mientras escribo estas líneas suena el timbre y yo me inmuto. Cero movimiento. Que no me vean porque no tengo ganas de ir a ver si fue de nuevo otro aventurero del parque o una alcancía succionadora de mis churupos¹.

Pero mejor volvamos a la primavera antes de que regrese el pajarito que lo tengo pillado por hacer desastres en mi jardín.

El año pasado nos escapamos del largo invierno al otoño chileno y este año me escapo de nuevo, solo que con pesar de que el clima este tan sabroso ya en esta temporada. El marido se queda. No por gusto, sino por obligaciones laborales. Así que organizamos una escapada holandesa para disfrutar de un domingo en la playa, que aunque no es lo mismo que los paraísos de la costa venezolana, ayuda en los ánimos caídos por mi diferencia horaria mental.

Callantsoog

18 grados un domingo de comienzos de marzo. Ya ves que no fuimos los únicos con magnifica idea.

 

¹Churupos: sinónimos de dinero en Venezuela.

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